Fin del TPS amenaza con falta de personal en hospitales y asilos
El fin del TPS amenaza con dejar a hospitales y asilos con menos personal justo cuando la demanda de cuidados sigue creciendo.
Rosa Vela

El fin del TPS para miles de inmigrantes amenaza con agravar la escasez de personal en hospitales, asilos y cuidados domiciliarios. El golpe llega en un momento en que el país ya enfrenta una demanda creciente de atención para adultos mayores.
La preocupación no es solo laboral. También afecta a pacientes, familias y centros que dependen de trabajadores con experiencia. En muchos casos, esos empleados han cubierto vacantes difíciles de reemplazar durante años.
¿Qué cambió con el fallo?
El impacto se aceleró después de una decisión de la Corte Suprema que permitió al gobierno retirar el Estatus de Protección Temporal, o TPS, a personas de Haití y Siria. El TPS está descrito por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos como una protección temporal para quienes no pueden regresar con seguridad a su país.
Ese cambio pone en riesgo a trabajadores que hoy tienen autorización legal para laborar. Muchos están en puestos de primera línea, donde la experiencia vale tanto como la disponibilidad inmediata.

Organizaciones del sector advierten que el problema ya se siente en áreas sensibles. Las más expuestas son residencias para adultos mayores, centros de enfermería especializada, unidades de demencia, cuidados paliativos y atención en el hogar.
Según un análisis de KFF, en 2023 los inmigrantes representaban cerca del 24% de la fuerza laboral en residencias para personas mayores. También eran 21% en centros de enfermería especializada y entre 32% y 40% en atención en el hogar.
¿Por qué preocupa tanto al sector?
Porque el sistema de atención a largo plazo ya venía frágil. El problema no empezó con el TPS, pero la pérdida de personal protegido puede empeorarlo con rapidez.
Katie Smith Sloan, directora de LeadingAge, advirtió que el personal que atiende adultos mayores puede perder su empleo de la noche a la mañana. También señaló que no existe una reserva inmediata de trabajadores para reemplazar relaciones construidas durante años.
Esa observación es importante. En salud y cuidados, no basta con llenar una vacante. Hace falta entrenamiento, confianza y continuidad con los pacientes.
La Asociación Americana de Vivienda para Personas Mayores también alertó sobre mayores costos laborales. Si faltan cuidadores, los centros deben pagar más horas extra o recurrir a agencias temporales.
Jeanne McGlynn Delgado, de ASHA, dijo que el mayor golpe será la pérdida de cuidadores con experiencia. Ese punto importa, porque la rotación alta suele deteriorar la calidad del servicio.
¿Qué dicen los números?
Los datos muestran una tendencia de largo plazo. El Departamento de Salud y Servicios Humanos proyecta que la demanda de asistentes de enfermería crecerá 44% entre 2023 y 2028.
Ese crecimiento responde al envejecimiento de la población. También refleja una necesidad estructural de más trabajadores para tareas básicas, como baño, movilidad, medicación y acompañamiento.

Además, la Oficina de Recursos y Servicios de Salud proyecta que la demanda de trabajadores de apoyo en servicios de larga duración crecerá 40% entre 2023 y 2038. El alza incluye asistentes de salud en casa, auxiliares personales y asistentes de enfermería.
Rob Liebreich, de Goodwin Living, resumió la crisis con una idea simple: habrá más adultos mayores y menos personas disponibles para cuidarlos. Esa ecuación presiona al sistema completo.
La KFF estima que los inmigrantes representan cerca de 30% de los trabajadores de cuidado directo en largo plazo. Eso confirma que el sector depende de esta fuerza laboral más de lo que muchas políticas reconocen.
¿Qué consecuencias puede sentir el público?
La primera consecuencia sería la reducción de personal disponible. Eso puede traducirse en demoras para conseguir cita, menos atención individual y mayor cansancio entre trabajadores.
La segunda sería el aumento de costos. Si faltan empleados, los centros pagan más horas extra y más contrataciones temporales. Ese gasto termina presionando presupuestos ya ajustados.
La tercera sería la posible reducción de servicios. Algunos centros podrían limitar admisiones nuevas o cerrar unidades hasta encontrar reemplazos.
Eso preocupa especialmente a familias latinas que dependen de asilos, centros de rehabilitación o cuidados en casa. Cuando un familiar pierde apoyo, la carga suele caer sobre la familia, sin aviso previo.
El Centros de Servicios de Medicare y Medicaid recuerda que la atención de largo plazo es una pieza central del sistema. Por eso, cualquier cambio en la fuerza laboral tiene efectos amplios y no solo administrativos.
¿Qué hay detrás del debate migratorio?
El caso muestra una tensión de fondo. Por un lado, está la política migratoria. Por otro, está la realidad de un sistema de salud que necesita mano de obra estable.
Muchas de estas personas llegaron con protección temporal y trabajo autorizado. Ahora enfrentan un panorama incierto que puede empujarlas a salir del sector o del país.
El problema no es solo humano. También es económico y sanitario. Cuando se pierde experiencia, se debilita la continuidad del cuidado y se complica la operación diaria.
Eso convierte al TPS en un asunto que va más allá de la migración. En la práctica, también es una política de salud pública y de envejecimiento.
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Autor
Rosa VelaPeriodista egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Especializada en la cobertura de coyuntura nacional, política y noticias deportivas.

