Trump es acusado de perseguir a críticos del ICE
Donald Trump enfrenta críticas por supuestas represalias contra voces que cuestionan al ICE, en casos que reavivan el debate sobre libertad de expresión.
Rosa Vela

El presidente Donald Trump es acusado de perseguir a críticos del ICE, en medio de nuevas alertas por posibles represalias contra expresiones políticas protegidas. El caso reavivó el debate sobre libertad de expresión, vigilancia federal y el uso del poder migratorio.
La controversia surgió tras dos episodios ocurridos en Nueva York. En ambos, agentes federales se acercaron a personas que habían criticado públicamente al ICE, lo que encendió alarmas entre defensores de derechos civiles.
¿Qué detonó la polémica?
El primer caso involucra a David Streever, residente de Rochester. Según su abogado, agentes federales fueron a su casa mientras él estaba de viaje en Finlandia y dejaron una advertencia para su esposa. La advertencia estaría ligada a un correo enviado meses antes a la dirección del ICE. En ese mensaje, Streever criticó con dureza al entonces director interino, Todd Lyons, tras la muerte de Renee Good durante una protesta contra ICE.

Streever llamó a Lyons “un ser monstruoso” y le dijo que “nunca conocería la paz”. Su abogado, Adam Steinbaugh, sostuvo que el mensaje era una crítica política, no una amenaza criminal. La Fundación para los Derechos Individuales y la Expresión respaldó esa interpretación. El ICE declinó comentar el caso por tratarse de una investigación en curso. Aun así, la agencia dijo que examina todas las amenazas creíbles contra su personal y liderazgo.
¿Por qué preocupa a los defensores?
Organizaciones civiles sostienen que el problema no es solo legal. Temen que visitas federales por mensajes críticos provoquen un efecto intimidatorio sobre la ciudadanía. Nathan Freed Wessler, de la ACLU, dijo que los estadounidenses tienen derecho constitucional a criticar a funcionarios públicos. También advirtió que estas visitas pueden enfriar el debate político.
Wessler afirmó que nadie debería ser seguido hasta su casa o su hotel por expresar oposición al gobierno. Según él, si se está castigando discurso protegido, se trataría de un abuso de poder. El argumento gana fuerza porque no hubo cargos criminales anunciados. Esa ausencia refuerza la idea de que la respuesta oficial pudo haber sido más disuasiva que penal.
¿Qué pasó con la trabajadora electoral?
El segundo episodio involucra a Paigelynne Gonyea, trabajadora electoral en Syracuse. Ella dijo que agentes federales se acercaron a ella en un centro de votación durante la elección primaria de Nueva York.
Según su relato, los agentes la cuestionaron por una publicación en redes sociales sobre el mismo caso de la muerte de Renee Good. En esa publicación, Gonyea escribió que era un buen día para que Jonathan Ross fuera acusado. El Departamento de Seguridad Nacional negó esa versión completa. Dijo que la investigación se centraba en otra publicación, una que supuestamente compartía la dirección particular del agente Ross.
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Ese detalle cambió el marco del caso. Ya no se trataba solo de una crítica dura, sino de una posible difusión de datos privados de un funcionario. DHS incluso habló de “doxxing”, una práctica que expone información personal con fines hostiles. La fiscal general de Nueva York dijo que su oficina ya revisa lo ocurrido en el lugar de votación. Ese paso muestra que el caso también podría tener consecuencias estatales, no solo federales.
¿Qué contexto político explica esto?
El ambiente nacional está polarizado y el ICE ocupa el centro del debate migratorio. Las redadas, detenciones y protestas han multiplicado la tensión entre autoridades y comunidades migrantes. En ese contexto, cualquier crítica al ICE adquiere más visibilidad y también más riesgo de ser interpretada como hostilidad. Por eso, los grupos de derechos civiles piden separar una amenaza real de un comentario político fuerte.
El problema es que el gobierno tiene margen para investigar. Pero ese margen no debe confundir vigilancia legítima con represalia por opinión. Esa frontera define buena parte del conflicto actual. La Oficina del Inspector General del DHS suele revisar casos sensibles vinculados con seguridad y conducta institucional. Cuando hay visitas a domicilios por mensajes políticos, el escrutinio público aumenta de inmediato.
¿Cuáles son las posibles consecuencias?
Por ahora, no se han anunciado cargos contra Streever ni Gonyea. Esa ausencia deja abierto el debate sobre el límite entre protección institucional y castigo político.
Si las autoridades avanzan, tendrán que probar que hubo una amenaza verdadera o una divulgación ilegal de datos. Si no lo hacen, el episodio quedará como un ejemplo de presión federal discutible.
La discusión probablemente seguirá en tribunales, medios y organizaciones civiles. Y también en el terreno de la opinión pública, donde el ICE ya es una de las agencias más cuestionadas del país.
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Autor
Rosa VelaPeriodista egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Especializada en la cobertura de coyuntura nacional, política y noticias deportivas.
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