¿Por qué Trump acusa a Cuba de desestabilizar EE.UU.?
Donald Trump acusó a Cuba de desestabilizar EE. UU., pero el informe abre dudas sobre pruebas, intención política y riesgo regional.
Rosa Vela

La administración de Donald Trump elevó a Cuba al centro de su discurso de seguridad nacional. Un informe del Departamento de Estado presentado el 20 de julio sostiene que la isla representa una amenaza para EE.UU.
El documento, de 100 páginas, describe a Cuba como foco de espionaje, subversión e influencia política. Marco Rubio dijo que grupos violentos y radicales de izquierda han dependido en algún momento del apoyo cubano. La narrativa no es nueva, pero sí el momento. El informe aparece mientras la Casa Blanca endurece su mensaje exterior y se acerca la campaña de medio mandato.
¿Qué afirma el informe?
El texto titulado “Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI” recorre la historia de la isla desde 1959. Su tesis central es que Cuba pasó de apoyar revoluciones a seguir operando como base subversiva.
El Departamento de Estado asegura que La Habana respaldó movimientos socialistas en América Latina y África. También sostiene que mantuvo una red sofisticada de espionaje contra Estados Unidos.
Además, el informe intenta enlazar la Revolución Cubana con corrientes políticas de izquierda en Estados Unidos. Esa conexión es una de las partes más discutidas del documento.
¿Qué tan fuertes son esas pruebas?
Michael Bustamante, profesor de la Universidad de Miami, reconoce la influencia histórica de Cuba. Sin embargo, cree que el informe exagera al convertir esa influencia en una amenaza existencial. El académico señala que el texto es débil al explicar causalidad. En su opinión, presenta a Cuba como si fuera un cerebro maestro detrás de procesos políticos mucho más complejos.

Sí hay casos documentados de espionaje cubano en Estados Unidos. Bustamante menciona que Cuba logró infiltrar espacios sensibles más de lo que se esperaría de un país pequeño. Entre los ejemplos conocidos figuran Víctor Manuel Rocha y Ana Belén Montes. Ambos terminaron declarándose culpables de actuar como espías para Cuba. Pero esos casos no prueban, por sí solos, una red que controle toda la política interna estadounidense. La diferencia entre infiltración y dirección política es clave para entender el debate.
¿Por qué aparece este discurso ahora?
Bustamante cree que hay 2 razones principales. La primera es política interna. El informe menciona a demócratas y sirve como munición para la campaña de medio mandato. La segunda es estratégica. Presentar a Cuba como amenaza podría preparar terreno para medidas más duras, incluso operaciones de presión militar o coercitiva.
El paralelo con Venezuela es evidente. Estados Unidos usó acusaciones previas para construir una narrativa que justificara acciones posteriores contra Caracas. Esa lógica importa porque primero instala miedo y luego legitima decisiones más agresivas. En política exterior, el relato suele preceder a la acción. Además, la crisis cubana le da al gobierno de Trump un escenario favorable. La isla vive apagones, escasez y un sistema eléctrico golpeado por la falta de combustible.
¿Cómo responde Cuba?
Miguel Díaz-Canel rechazó el informe y lo llamó un “mediocre panfleto propagandístico”. También acusó a EE. UU. de espionaje y agresión sostenida contra la isla. La defensa cubana insiste en que La Habana jamás ha buscado dañar al pueblo estadounidense. Para el gobierno de la isla, el conflicto responde a décadas de hostilidad de Washington.
Díaz-Canel también sostiene que Cuba tiene derecho a resistir esas agresiones. Esa posición refuerza la narrativa histórica de la Revolución cubana. La disputa, por tanto, no es solo de seguridad. También es una pelea por el relato histórico y por la legitimidad política de cada gobierno.
¿Qué papel juega la izquierda estadounidense?
El informe también acusa a Cuba de influir en el activismo de izquierda en Estados Unidos. Incluso cita a figuras como Hasan Piker e Irsa Hisri como parte de un supuesto “turismo revolucionario”. Piker viajó a la isla con una comitiva que llevó ayuda humanitaria y denunció el impacto del bloqueo energético. Desde Cuba, describió una crisis provocada por el ser humano.

Bustamante considera que la ayuda humanitaria era necesaria. Pero dice que esa visita se convirtió también en un acto de puesta en escena política para el gobierno cubano. Aun así, subraya una diferencia esencial. Una cosa es participar en una acción con fines propagandísticos y otra muy distinta es actuar como agente de espionaje. Esa distinción es importante porque el informe, según el académico, mezcla ambas categorías. Y esa mezcla puede distorsionar el debate público.
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Autor
Rosa VelaPeriodista egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Especializada en la cobertura de coyuntura nacional, política y noticias deportivas.
