NYT: Cárteles mexicanos hackean teléfonos de militares de EE.UU.
El reporte del The New York Times muestra una frontera cada vez más militarizada, costosa y expuesta a amenazas digitales.
Rosa Vela

Cárteles mexicanos habrían hackeado teléfonos de soldados de EE.UU. en la frontera, según un reportaje de The New York Times. El caso expone cómo la vigilancia militar en la frontera sur ya no es solo física, sino también digital.
La revelación llega en medio de una operación que lleva más de 1 año activa. El Pentágono mantiene cerca de 9 000 soldados en servicio activo en la franja fronteriza, con un costo semanal que asciende a decenas de millones de dólares.
¿Qué reveló el reporte?
El reportaje, firmado por Eric Schmitt y publicado el 23 de junio por The New York Times, señala que militares estadounidenses detectaron hackeos en sus teléfonos. Después, comenzaron a recibir mensajes intimidatorios.
Según el diario, eso ocurrió tras la caída del líder criminal conocido como “El Mencho”, abatido en febrero en un operativo con apoyo de la CIA. La presión sobre los cárteles habría empujado la respuesta hacia nuevas formas de hostigamiento.
La información describe una frontera más tecnológica y más tensa. Las patrullas ya no solo vigilan caminos o montes. También enfrentan amenazas sobre datos, comunicaciones y ubicación.
El Pentágono informó en mayo que los primeros 4 meses de la operación costaron 525 millones de dólares. No reveló el total acumulado, pero sí confirmó el tamaño presupuestario de la misión.
¿Por qué preocupa el hackeo?
Porque ya no se trata solo de contrabando o cruces ilegales. Un teléfono intervenido puede exponer rutas, movimientos, contactos y rutinas. Eso eleva el riesgo de cualquier operativo.
La franja fronteriza es larga y difícil de controlar. El despliegue busca contener migración irregular, tráfico de personas y cárteles de droga. Pero la tecnología también abre un frente de vulnerabilidad.
Según el Servicio de Investigación del Congreso, las misiones de apoyo militar en la frontera suelen generar debate por su costo y por su uso prolongado. En este caso, además, el riesgo cibernético añade una nueva dimensión.

Los funcionarios citados por el Times afirman que las tropas recibieron mensajes de amenaza después del hackeo. No se reportaron ataques con drones ni bajas entre militares estadounidenses, pero el hostigamiento es real y persistente.
El reportaje también indica que el Ejército hizo más de 800 vuelos de vigilancia desde que comenzó la operación. El año anterior se habían registrado unos 160. Eso muestra un aumento fuerte en la actividad aérea.
¿Qué papel tiene el Ejército?
El despliegue militar ya no es una medida simbólica. El Pentágono designó 5 franjas de tierra en California, Arizona, Nuevo México y Texas como extensiones de bases militares de hecho.
Eso permite detener temporalmente a migrantes hasta que llegue la Patrulla Fronteriza. Hasta ahora, el Ejército reporta 116 detenciones en esas zonas. La medida amplía la coordinación entre defensa y control fronterizo.

Por primera vez, según el Times, soldados estadounidenses y mexicanos patrullaron juntos con radios encriptadas. También usaron láseres de alta energía para neutralizar drones operados por cárteles. Esa cooperación muestra el nivel de presión en el terreno.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza sigue siendo el actor central en la gestión migratoria. Sin embargo, la presencia militar prolongada indica que la frontera dejó de ser un asunto exclusivo de CBP.
¿Qué críticas enfrenta la misión?
El senador demócrata Jack Reed advirtió que la operación fronteriza está desviando fondos de entrenamiento esencial. Dijo además que el Ejército enfrenta un déficit de casi 2 000 millones de dólares por reembolsos pendientes.
La representante Sara Jacobs fue aún más directa en una audiencia. Señaló que los militares no se alistaron para tareas de control migratorio y que esta estrategia política eleva el riesgo para ellos.
Esa crítica tiene dos capas. La primera es presupuestaria. La segunda es estratégica. Varios legisladores creen que los soldados deberían prepararse para posibles despliegues en Europa del Este, Medio Oriente o el Indo-Pacífico.
El debate, por tanto, no gira solo en torno a la frontera. También toca el modelo de fuerza militar que quiere Washington. Si el despliegue se prolonga, el costo político y operativo puede crecer.
¿Qué implica para la seguridad regional?
La operación llamada Ardent Vanguard ya cambió de comandante por tercera vez. Ahora la encabeza el general de división Curtis D. Taylor, de la 1.ª División Blindada. Eso confirma que no existe aún una fecha clara de cierre.
La ausencia de un horizonte definido es un dato relevante. Las misiones largas tienden a normalizarse, aun cuando nacieron como respuesta temporal. En este caso, la frontera parece entrar en una fase más permanente de militarización.
También hay un efecto colateral para migrantes y comunidades fronterizas. Más vigilancia y más coordinación pueden traducirse en más detenciones, más retenciones temporales y más miedo en zonas cercanas a la línea divisoria.
La Casa Blanca defiende la estrategia como parte de su agenda de seguridad fronteriza. Pero la combinación de hackeo, amenazas y gasto masivo demuestra que el reto ya no es solo contener cruces.
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Autor
Rosa VelaPeriodista egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Especializada en la cobertura de coyuntura nacional, política y noticias deportivas.

