Más allá de los síntomas: el arte de sanar desde la raíz
El cuerpo humano no son distintos sistemas que funcionan por separado; es una máquina creada a la perfección donde cada parte cumple una función perfectamente sincronizada con las demás.
Flavia Corpus

Mucha gente me pregunta: «Tengo resistencia a la insulina, ¿qué puedo tomar?» O «Tengo el colesterol alto, ¿qué alimentos debo comer?» O «Mi hijo está estreñido, ¿qué le puedo dar?» Y la realidad es que no existe un alimento o suplemento mágico que arregle determinada condición.
Y es que quizás nos hemos malacostumbrado a que, cuando vamos al médico, nos dé una pastillita para cada cosa. Tienes colesterol alto, toma tu estatina. ¡Uy! La estatina me dio dolores musculares, entonces solucionémoslo con una pastilla para relajar los músculos o con una para el dolor. ¡Uy! Pero la pastilla para el dolor me dio gastritis, entonces démosle una pastillita para la gastritis. Y esa pastilla me dio dolor de cabeza… Y así la historia continúa. Lo que hacemos es entrar en un bucle sin fin y sin sentido porque no estamos solucionando el problema de fondo, sino callando síntomas. Es nuestro cuerpo gritando que algo no está funcionando bien, y nosotros solo le decimos: «Cállate», dejando el problema para después. Pero quizás «después» sea tarde o sea mucho más difícil solucionar algo que pudo haber sido sencillo al principio.
En vez de quejarnos por tener determinada condición de salud, deberíamos agradecer que esa situación nos está mostrando algo que debemos aprender o cambiar, algo que sin esa situación jamás habríamos visto. Pongámoslo así: si no tienes ningún síntoma y tu desayuno es un muffin azucarado con un café azucarado que compras a la volada camino al trabajo, tu almuerzo diario proviene de una cadena de fast food y tu cena es una pizza congelada, ¿te sentarías a pensar en cómo mejorar tu alimentación? ¿O que quizás deberías empezar a ejercitarte a diario o tomar caminatas en la naturaleza para recibir un poco de sol? Lo más probable es que estés inmerso en tu ocupada vida diaria y no tengas ninguna razón para evaluar tu estilo de vida. Pero si empiezas a tener algún síntoma o simplemente no te sientes bien, lo más probable es que hagas una pausa y te preguntes qué está pasando.
El cuerpo humano no son distintos sistemas que funcionan por separado; es una máquina creada a la perfección donde cada parte cumple una función perfectamente sincronizada con las demás. Es una máquina biológica y energéticamente integrada. Pongámoslo así: un átomo no es tan sólido como parece, así que somos más energía que materia. Por ejemplo, los pensamientos producen señales eléctricas y las emociones producen cambios químicos. Por lo tanto, al evaluar alguna condición de salud que estemos atravesando, tenemos que poner todas las variables en contexto, porque todo influye en nuestra salud. Entonces, no se trata de solucionar el problema del colesterol como un evento por separado, sino de analizar nuestro estilo de vida, analizar cómo está la bioquímica de nuestro cuerpo y analizar también cómo están nuestra mente y nuestro corazón. Es crear un balance que permita que todos esos engranajes que funcionan en conjunto vuelvan al equilibrio y, por consiguiente, cualquier síntoma que tengas se solucionará de raíz.
Ahora dirás: «Es que en mi familia hay tal o cual enfermedad, así que yo puedo tenerla.» Pues sí, «puedes» tenerla, pero tú estás a cargo de activar o desactivar ese gen de acuerdo con las decisiones que tomes; eso se llama epigenética. Pongámoslo así: podemos heredar una predisposición genética, pero el estilo de vida y el ambiente pueden influir en si esa predisposición se expresa o no.
Si nos ponemos un poco filósofos, podemos decir que la vida es una escuela. Venimos aquí a aprender, y las enfermedades solo son una herramienta que nos da ciertas lecciones. Nos muestran partes de nosotros mismos que a veces no queremos mirar, nos brindan la oportunidad de aprender a niveles mucho más profundos y nos dan la oportunidad de hacer una pausa y encontrar un balance. Recuerda, además, que todo siempre pasa para bien. Así todo se vea negro o no podamos entenderlo en medio de la tormenta, siempre será para nuestro bien. Solo debemos ser conscientes de las decisiones que tomamos.
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Autor
Flavia CorpusEditora periodística de Nueva News especializada en política y migración.
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