El costo oculto de comer bien dentro de los centros de ICE
Migrantes detenidos por el ICE pierden peso y gastan fortunas en tiendas internas para evitar consumir comida en mal estado.
Soledad Palomino

Sobrevivir con el estómago vacío se ha convertido en una constante para miles de personas bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Múltiples informes gubernamentales y demandas judiciales denuncian las precarias condiciones alimentarias en los centros de detención. Para evitar consumir raciones en mal estado, los detenidos deben gastar miles de dólares en las tiendas internas de los recintos. Esta situación genera millonarias ganancias para corporaciones privadas que gestionan los establecimientos y fijan precios excesivos.
El problema se ha agravado debido al hacinamiento extremo registrado en la red carcelaria migratoria durante los últimos meses. La agencia mantiene actualmente a casi 66.000 personas bajo custodia y proyecta elevar la cifra a 100.000 detenidos. Ante raciones descritas como «comida para perros», los internos dependen exclusivamente de los depósitos monetarios enviados por sus familias. Quienes no reciben ayuda financiera deben trabajar jornadas de ocho horas por un pago simbólico de un dólar diario.
Un reciente informe elaborado por el Departamento de Justicia de California reveló que algunos detenidos gastan hasta 150 dólares semanales en alimentos básicos. Los inspectores documentaron casos de carne descompuesta, atún vencido y arroz crudo en centros como Adelanto, Mesa Verde y Otay Mesa. «Es un negocio redondo donde se explota la necesidad humana más elemental», afirmó Val Suárez, organizador del grupo California Collaborative for Immigrant Justice.

¿Por qué los precios en las comisarías carcelarias alcanzan sobreprecios extremos?
Las comisarías dentro de los centros de detención operan bajo un esquema de escasa supervisión y contratos con proveedores corporativos externos. Empresas como Trinity Food Services, GEO Group y CoreCivic establecen tarifas muy superiores a las del mercado minorista convencional. Un frasco de café instantáneo puede costar 18 dólares en la comisaría, representando más del doble de su valor habitual en supermercados.
Las corporaciones privadas que operan estas instalaciones reportan sólidos balances financieros impulsados por el incremento sostenido en las detenciones migratorias. Durante el segundo trimestre del año, GEO Group y CoreCivic sumaron 1.400 millones de dólares en ingresos combinados. Este escenario representa un crecimiento interanual del 15% y 27%, respectivamente, evidenciando la alta rentabilidad del sector.
| Producto de primera necesidad | Precio promedio en supermercado | Precio cobrado en comisaría | Porcentaje de sobreprecio |
| Lata de atún | $1,50 | $4,50 | +200% |
| Pasta de dientes Colgate | $2,50 | $5,97 | +139% |
| Jabón de tocador | $1,20 | $2,10 | +75% |
| Caja de cereal pequeña | $5,50 | $13,00 | +136% |
Las familias de clase trabajadora deben asumir estos costos desproporcionados para evitar que sus seres queridos sufran desnutrición o enfermedades gastrointestinales. A los detenidos se les prohíbe el uso de dinero en efectivo, obligándolos a depender de transferencias electrónicas sujetas a comisiones bancarias. Esta estructura comercial convierte la alimentación básica en una carga financiera devastadora para la comunidad hispana.
¿Qué medidas legislativas buscan frenar los abusos en las tiendas internas?
Ante la ola de denuncias y boicots organizados por los propios detenidos, la Legislatura de California comenzó a tramitar respuestas normativas. El senador estatal Steve Padilla impulsó el proyecto de ley SB 941 para poner un límite legal a los precios en cárceles privadas. La propuesta legislativa busca prohibir los márgenes desmedidos y fijar un tope máximo del 35% sobre el costo del proveedor.
«Las empresas están aprovechando la ola de encarcelamiento masivo para explotar a las familias de clase trabajadora», declaró el senador estatal Steve Padilla. «No podemos permitir que este tipo de lucro oportunista continúe sin control dentro de nuestro estado», enfatizó el legislador al presentar la medida. La iniciativa parlamentaria obtuvo la aprobación de la Cámara Alta estatal y avanza en su trámite legislativo.
- Proyecto SB 941: Limita al 35% el margen de ganancia sobre productos vendidos en comisarías carcelarias.
- Boicot de internos: Más de 300 detenidos firmaron cartas de protesta en California City para exigir la baja de precios.
- Fiscalización estatal: El Departamento de Justicia de California mantendrá inspecciones sorpresa en las siete instalaciones del estado.
Por su parte, voceros oficiales del ICE rechazaron los señalamientos, catalogándolos como falsedades sobre el funcionamiento de la agencia. Un portavoz de CoreCivic afirmó que las comisarías no buscan lucrar y que los fondos generados alimentan programas de bienestar interno. Sin embargo, activistas comunitarios señalan que no existe transparencia pública sobre el destino final de esos recursos financieros.
¿Cuáles son las consecuencias de la mala alimentación en la salud de los detenidos?
Las deficiencias nutricionales dentro de los recintos de detención provocan graves secuelas físicas y psicológicas en la población recluida. Investigaciones realizadas por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) documentaron pérdidas de peso de hasta 40 libras en pocos meses. Los testimonios recopilados confirman cuadros severos de deshidratación, anemia y problemas digestivos crónicos por el consumo de comida descompuesta.
En instalaciones como Adelanto, los prisioneros relatan que las raciones diarias son insuficientes para cubrir los requerimientos calóricos mínimos. La falta de proteína obliga a los internos a compartir sus compras de la tienda para elaborar platos improvisados en los dormitorios. Esta precariedad alimentaria genera tensiones constantes con el personal de guardia y derivan en sanciones disciplinarias contra los prisioneros.
La crisis alimentaria en los centros del ICE refleja las fallas estructurales de un sistema carcelario privatizado orientado al beneficio económico. Mientras las grandes corporaciones incrementan sus ganancias operativas, las familias migrantes sacrifican sus ingresos para garantizar la subsistencia de sus allegados. La comunidad exige mayor supervisión federal y reformas urgentes que garanticen un trato digno a los detenidos.
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