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EN PORTADA23 de diciembre de 2025

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La Navidad pierde su carácter festivo: el temor al ICE ensombrece la celebración religiosa para los migrantes.

El temor al ICE ensombrece la celebración navideña para los migrantes.

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EN PORTADA: NAVIDAD BAJO ICE El temor al ICE ensombrece la celebración navideña para los migrantes.

En la iglesia episcopal de San Mateo, en Hyattsville, Maryland, la Navidad de 2025 se vive con un velo de incertidumbre. Las tradicionales posadas, que recrean la búsqueda de alojamiento de María y José, no se realizarán al aire libre como de costumbre. En su lugar, se ocultarán en el interior de las casas, lejos de las miradas indiscretas. El padre Vidal Rivas lamenta esta decisión: “Las haremos dentro de las casas, no podemos hacer nada afuera”. El motivo es el acecho constante de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que han intensificado sus operativos en los barrios con alta presencia de migrantes hispanos.

Rivas ha visto de cerca los impactos de la política migratoria impulsada por la Administración de Donald Trump, quien regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. “La gente sigue con mucho miedo y en una semana se autodeportaron 13 personas de nuestra iglesia”, afirma. Tres feligreses fueron deportados por las autoridades federales, y varios permanecen detenidos en los centros del ICE. Esta atmósfera de temor ha reducido drásticamente la participación en los eventos religiosos.

La procesión de la Virgen de Guadalupe, programada para diciembre, fue cancelada por completo. En el servicio a la Inmaculada Concepción, solo asistieron 60 personas, la mitad de lo esperado. “Las celebraciones de la Navidad solían ser alegres y había mayor participación. Ahora solo viene un 40% de la gente que acudía antes”, explica Rivas.

¿Está el miedo al ICE transformando las tradiciones religiosas?

Hasta enero de 2025, las iglesias, los hospitales y las escuelas eran “lugares sensibles” protegidos de las redadas migratorias. Sin embargo, Trump levantó esta restricción al asumir el poder, permitiendo al ICE acceder a cualquier sitio. Desde entonces, en San Mateo, los voluntarios estadounidenses vigilan el estacionamiento y las entradas durante los servicios para alertar sobre posibles incursiones.

El obispo Dwayne Royster, director ejecutivo de Faith in Action, una red de más de 1.000 congregaciones, destaca la complejidad: “La Nochebuena y el Día de Navidad son fechas importantes. Muchas personas se preguntan si podrán asistir a los templos con seguridad”. Royster señala que el temor afecta no solo la asistencia, sino la esencia comunitaria de las fiestas.

Algunas iglesias han optado por los servicios virtuales para mitigar los riesgos, pero esto no siempre funciona. Rivas intentó clases de catecismo y misas en línea, pero la participación fue mínima: “Si siguiéramos haciendo las misas en línea, quebrábamos”. La falta de la interacción presencial desanima a los fieles, quienes valoran el ambiente festivo y solidario.

¿Cuáles son las estrategias para enfrentar a ICE?

Los templos en todo el país implementan medidas de protección. En algunos, los feligreses se turnan para vigilar las ventanas durante los servicios; en otros, invitan a los ciudadanos estadounidenses a asistir para diluir la visibilidad étnica. “Es increíble la fe que la gente tiene, porque ahora ir a la iglesia es una decisión de alto riesgo, no solo como inmigrante, sino como latino”, dice el pastor Julio Hernández, de The Congregation Action Network en el área de Washington D.C.

Hernández añade que la amenaza no solo afecta el ánimo festivo, sino también la economía: “Se siente la sombra de las detenciones en la pobreza, porque los trabajos están disminuyendo”. Una madre soltera que trabajaba en un restaurante vio sus horas reducidas a la mitad, ya que los clientes migrantes evitan salir. Esto limita los recursos para celebrar la Navidad.

La ofensiva migratoria ha generado críticas desde las comunidades religiosas. El papa León XIV y la Conferencia de los Obispos Católicos de EE.UU. han condenado la agenda del Gobierno. En respuesta, las iglesias usan los belenes para protestar. En Optimist Park, Charlotte, un belén incluye agentes del ICE con chalecos y esposas, simbolizando el miedo tras las redadas recientes.

¿Puede la Navidad convertirse en un acto de resistencia?

El reverendo Andrew Shipley explica: “El objetivo es perturbar, hacer que la gente sienta algo. Lo que les ha estado sucediendo a las familias de Charlotte es perturbador”. En Dedham, Massachusetts, la iglesia de Santa Susana colocó un letrero en el belén: “El ICE estuvo aquí”, con un cartel preguntando “¿Paz en la tierra?”. A pesar de las críticas de la archidiócesis de Boston, el reverendo Stephen Josoma lo mantuvo, vinculando la historia de Jesús como refugiado con la realidad actual.

En Evanston, Illinois, un belén muestra a María y José con máscaras de gas, denunciando el uso de los lacrimógenos contra los manifestantes en Chicago. Estos actos simbólicos marcan los sermones navideños, recordando que Jesús huyó de la persecución. Royster enfatiza: “Es una historia familiar para muchos inmigrantes, que ahora se sienten amenazados en su refugio”.

Más allá de las iglesias, las familias sufren separaciones. En Los Ángeles, las deportaciones han dejado hogares vacíos durante las fiestas. “Los días de pozole y enchiladas llegan, pero no sabemos qué hacer”, dice una afectada. En San Diego, el aumento en los operativos cambia cómo se celebran las fiestas.

¿Rechazará el Gobierno las peticiones para una tregua navideña?

Los obispos católicos, como Thomas Wenski en Miami, han apelado a Trump y a gobernadores como Ron DeSantis para pausar los arrestos durante la Navidad y la Epifanía. En Florida, los líderes religiosos piden una “pausa humanitaria” para que las familias celebren sin miedo. Sin embargo, Trump ha rechazado estas llamadas, priorizando su agenda de deportaciones masivas.

Casi 300.000 deportados en 2025 y 65.000 detenidos marcan un récord. Las políticas como la expansión del veto de viaje a 39 países y el fin de los programas legales afectan a millones. Los migrantes ruegan ser “invisibles” para el ICE, evitando salir.

Los negocios latinos sufren: en EE.UU., el temor reduce la clientela, impactando las economías locales. Algunos optan por no regresar tras las visitas navideñas a México, por miedo a las redadas. Las encuestas muestran que el 41% de los migrantes teme detenciones, un aumento significativo.

¿Sobrevivirá el espíritu navideño al rigor de las políticas antiinmigrantes?

Esta Navidad, el paralelismo bíblico resuena: Jesús, nacido bajo la opresión y convertido en refugiado. Para los migrantes, EE.UU. ya no es un refugio seguro. Mientras las iglesias resisten con protestas creativas, la comunidad latina enfrenta una festividad ensombrecida por la separación y la pobreza. La esperanza persiste en la fe, pero el temor al ICE define esta época, urgiendo un debate nacional sobre la humanidad en las políticas migratorias.

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