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EN PORTADA10 de julio de 2026

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Las advertencias del Departamento de Justicia no se limitan exclusivamente a los funcionarios públicos que coordinan el proceso en las urnas.

La administración Trump presiona a los estados para que revisen las prácticas electorales.

El gobierno de Donald Trump ha intensificado de forma drástica sus acciones destinadas a modificar la administración de los comicios en todo el país. La Casa Blanca utiliza ahora la retención de fondos federales clave como mecanismo para obligar a los gobiernos estatales a cambiar sus normas internas de votación. Esta estrategia ha desatado alarmas en diversos sectores, que ven una interferencia inédita sobre atribuciones que la Constitución otorga a las entidades federativas.

A través de cartas oficiales y nuevas pautas presupuestarias, la administración federal presiona para consolidar un control centralizado del padrón electoral. Diversos informes de The Associated Press confirman que estas medidas forman parte de una campaña sistemática orientada a reconfigurar la seguridad en las urnas. La ofensiva legal y financiera busca aplicar restricciones sin precedentes antes de los próximos procesos electorales intermedios.

Paralelamente, la agenda pública del mandatario continúa mezclando la alta política con grandes eventos de entretenimiento en la residencia oficial. Trump celebró recientemente su cumpleaños número 80 organizando un combate de la UFC dentro de las instalaciones de la Casa Blanca. El festejo deportivo subraya el estilo particular del Ejecutivo, mientras sus agencias avanzan con severas advertencias regulatorias hacia los funcionarios locales.

¿Cómo utiliza el gobierno los fondos antiterroristas para presionar a los estados?

La principal herramienta de coacción económica proviene de los fondos destinados originalmente a la prevención del terrorismo y la seguridad ciudadana. En junio, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) incluyó una lista de requisitos obligatorios dentro de sus programas de subsidios. El anuncio estipula que las regiones y áreas urbanas sufrirán un recorte automático del 20% en sus asignaciones si deciden no cooperar.

Este programa financiero distribuye más de 1,000 millones de dólares a los gobiernos locales para combatir amenazas en espacios públicos y entornos digitales. Sin embargo, el gobierno de Trump condicionó el dinero a la verificación estricta de la ciudadanía de todos los votantes registrados. Las nuevas directrices también exigen que se compruebe la documentación legal de cada uno de los trabajadores electorales en los centros de votación.

La orden federal busca además desmantelar el uso de sistemas electrónicos basados en códigos de barras o códigos QR para el escrutinio. Los estados que empleen dicha tecnología informática están obligados a presentar planes detallados para regresar de inmediato a las boletas de papel marcadas a mano. Adicionalmente, el Ejecutivo exige que cada jurisdicción exhiba de manera pública y obligatoria los resultados finales de todas sus auditorías.

¿Cuáles son las amenazas penales del Departamento de Justicia a los funcionarios?

La presión económica se complementa con advertencias directas de persecución penal contra quienes administran las elecciones a nivel local. La División de Derechos Humanos del Departamento de Justicia (DOJ) envió cartas formales a los 50 estados de la Unión y al Distrito de Columbia. En las misivas, las autoridades federales advierten sobre posibles consecuencias criminales si se detectan irregularidades en las listas de votación.

El gobierno federal enfatizó que los administradores electorales enfrentarán cargos penales si permiten a sabiendas que ciudadanos extranjeros participen en los comicios. La misma sanción legal se aplicará si las autoridades locales retienen de forma deliberada a personas no ciudadanas dentro de los padrones activos. El Departamento de Justicia otorgó un plazo perentorio de cinco días para recibir un informe estatal sobre cómo cumplirán la ley.

Las advertencias del Departamento de Justicia no se limitan exclusivamente a los funcionarios públicos que coordinan el proceso en las urnas. Los documentos oficiales señalan que cualquier persona que proporcione datos falsos al registrarse o al emitir su voto será procesada penalmente. Esta medida busca disuadir la inscripción de inmigrantes, un tema central en el discurso político de la actual administración en Washington.

¿Dónde se desplegarán los nuevos observadores electorales del gobierno federal?

El Departamento de Justicia anunció el despliegue estratégico de supervisores federales en 15 jurisdicciones específicas repartidas a lo largo de seis estados. La medida representa una expansión notable de la vigilancia centralizada durante la actual temporada de elecciones primarias del año 2026. Los estados seleccionados por las autoridades para este operativo de control son Arizona, Michigan, Massachusetts, Minnesota, New Hampshire y Virginia.

La encargada de anunciar la medida fue la fiscal general adjunta, Harmeet Dhillon, quien lidera la División de Derechos Humanos del DOJ. A través de un video en redes sociales, la funcionaria enmarcó el procedimiento como una actividad de monitoreo habitual del gobierno. Dhillon recordó que la agencia envió observadores a nueve jurisdicciones en las primarias de 2022 y a 27 zonas durante el año 2024.

Los inspectores enviados por Washington examinarán aspectos operativos como el acceso lingüístico para minorías y las facilidades para personas con discapacidades. También vigilarán que los centros de votación permanezcan abiertos durante las horas estipuladas por la ley y fiscalizarán los escrutinios. El operativo se concentrará de forma rigurosa en ciudades clave como Detroit, Lansing y East Lansing en Michigan, además de Mánchester y Nashua en New Hampshire.

¿Por qué causa controversia el control partidista sobre los estados demócratas?

El calendario y la selección geográfica del despliegue han despertado profundas sospechas entre defensores de los derechos civiles y gobernadores de la oposición. Con la única excepción de New Hampshire, todos los estados seleccionados para la vigilancia federal están gobernados actualmente por líderes del Partido Demócrata. Diversos analistas sugieren que la Casa Blanca utiliza el aparato de justicia para intimidar políticamente a sus opositores territoriales.

La controversia aumentó tras conocerse las críticas directas de Harmeet Dhillon contra la gobernadora y la fiscal general del estado de Michigan. La funcionaria del gabinete de Trump afirmó públicamente que a los líderes de esa entidad no les agrada la intervención del Departamento de Justicia. Asimismo, la fiscal adelantó que el programa de vigilancia se expandirá de manera masiva al acercarse las elecciones generales de noviembre.

Varias organizaciones civiles argumentan que estas acciones constituyen una interferencia federal sin precedentes dentro de los sistemas de votación de los estados. Los gobernadores demócratas ya se habían unido para exigir al Servicio Postal el retiro de normativas que buscan restringir el voto por correo. Además, la Corte Suprema de Justicia determinó recientemente que las entidades federativas tienen derecho a contabilizar los sufragios postales que lleguen retrasados.

¿Qué reveses legales ha sufrido la estrategia electoral de Donald Trump?

Pese a la intensa presión ejercida desde Washington, el gobierno de Trump ha acumulado múltiples derrotas ante los tribunales del país. El Departamento de Justicia ha perdido 11 casos en cortes de distrito y falló en su primer intento de apelación formal. Ningún tribunal civil ha ordenado hasta ahora a los estados entregar bases de datos confidenciales con información personal de sus ciudadanos.

Los jueces federales rechazaron los intentos de la fiscalía por obtener nombres y datos de contacto de los empleados electorales en Georgia. Intentos similares para obligar a New Hampshire y Pensilvania a ceder información detallada de sus votantes inscritos también fracasaron por completo. En junio, el juez de distrito Joseph Laplante desestimó una demanda en New Hampshire por violar los principios de la Ley de Derechos Civiles de 1960.

La resistencia legal de los estados se ampara en que la organización de los comicios es una facultad exclusiva de las regiones. Los fallos judiciales demuestran que las cortes consideran desproporcionadas las solicitudes de información no depurada exigidas por la División de Derechos Humanos. Pese a estos reveses judiciales, la administración insiste en mantener la fiscalización y condicionar la entrega de recursos económicos esenciales.